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Bitácoras de mochila por América del sur

Bitácora 2 - Destino Foz de Iguazú


Salimos temprano, 14 grados en las ciudad de Curitiba, aunque un poco incómodo fue un descanso reparador, caminamos hasta una estación de bus para coger uno que nos dejara a las afueras de la ciudad, lo conseguimos.

La gente en su agetreo del día nos mira extraño. Debe serlo, ver dos jóvenes con la vida en las maletas yendo a la deriva.

Lo que no se entiende cuando se está en el estilo de vida ruidoso, de críticas, de monotonía, de la contaminación de la ciudad; es, lo bonito que es vivir, lo lindo que es conocer personas, aprender, despojarse de las cosas superficiales, conocerse, ser resiliente...

a las afueras de Curitiba nos preparamos para la primera Carona del día, el letrero decía “campo largo” (se me hizo extraño que el nombre estuviese en español) la mejor sonrisa como vestimenta y después de 20 minutos nos recogió un camión rojo.

Evertão, jóven. Es de campo largo y nos indica que nos dejará en el puesto de gasolina a la salida del pueblito, en el camino hace preguntas de lo que hacemos. Les decimos “esta es nuestra historia” y ahí alguno de los dos cuenta.

Nos da la mano en el puesto de gasolina, indica que es mejor hacer una placa que diga Guarapuava, la ciudad que queda en toda la mitad del camino.

Decir que se va hasta Foz do Iguaçu es muy lejos y reduce las posibilidades de que nos acerquen en el camino; intentamos con diferentes ciudades intermedias, el sol nos empieza a quemar la cara pero digo con entusiasmo que estamos produciendo vitamina E. Saltamos, sonreímos, movemos la bandera, algunos nos saludan, pitan para dar energía, otros nos ignoran. Una vez el viaje empezó dije que mi apellido sería (paciencia) comienzo a gritar “ánimo que ahí viene”, viene nuestra carona, ha pasado un buen tiempo pero nadie nos recoge. Dejé de mirar la hora, pero creo que ya habíamos pasado las once.

Julián se acerca a un camionero que está llenando de gasolina su camión y él decide acercarnos por un camino diferente. Nada importa y decidimos arrancar.

Siempre nos subimos, analizamos con disimulo, saludamos dando la mano y diciendo nuestro nombre.

Los camioneros son personas que pasan incluso dias callados, pienso que compartir anécdotas con dos extranjeros con una historia como la nuestra. Es para ellos agradable, les permite salir del encierro psicológico de los recorridos.

Su nombre es Marcelo, el camión está medio sucio, dice que lleva un mes fuera de casa viajando por Brasil, pienso que tiene cara de serio y hace muchas preguntas lo cual me asusta un poco, nos va a llevar hasta Ponta Grossa por la via (BR 376), un camino un poco más largo, pero es ganancia después de todo.

Al pasar los minutos nos cuenta su historia, su oficio también lo llevo a perder a su esposa, dice que su vida ha tenido oportunidades limitadas, entre otras cosas. Es una buena persona con corazón de hierro. Nos deja en un buen lugar, lo último que dijo fue que no pidiéramos Carona cuando la vía estuviera de bajada porque los carros iban muy rápido, era mejor de subida porque la reducción de velocidad aumentaba la probabilidad de que nos recogieran.

Era casi la una de la tarde y el hambre empieza a hacerse evidente. Entramos a un restaurante, el plato de comida cuesta $17 reales ($13 mil COP) y es tipo buffet, servimos un plato bien lleno y comemos los dos. Entre más ahorremos, más lejos podemos llegar, es más mundo por recorrer.

Al salir nos preguntan de donde somos, dos señores habían apostado si éramos bolivianos o peruanos (siempre piensan eso porque acá no hay casi colombianos). Conversamos unos minutos y ellos hablan que somos de donde es “Pablito Escobar”! Punto negativo para ellos. Después de un rato salimos a la carretera e intentamos pedir Carona, otra vez intentando diferentes lugares, diferentes maneras de llamar su corazón.

Esperamos casi una hora, el día fue un poco difícil hasta ese momento, el sol está fuerte. Ninguno se desespera pero la motivación empieza a disminuir. Un señor en un carro para, nos dice que nos estamos en el mejor lugar para ir hacia foz porque ahí, hay desvíos para muchos lugares. Que nos va a acercar a un puesto de policía unos metros más adelante, no recuerdo su nombre, pero es muy amable y dice que de joven siempre hacía dedo para moverse y es por eso que nos ayuda. Tras escuchar nuestra historia dice que tenemos mucho coraje y estamos “doídos” (forma coloquial brasileira para decir que alguien está enfermo de la cabeza).

Al bajarnos, nos ayuda con las maletas y da buenos deseos para nuestra aventura.

Tenemos que caminar unos diez minutos, el panorama se ve mejor, hay estudiantes jóvenes pidiendo Carona hasta ciudades cercanas, ya los recogieron, a nosotros aún no.

Estamos por la vía BR 373 que filtra los desvíos, pues allí todos van por la autopista que conecta a Foz, el mejor filtro y la mayor oportunidad hasta ahí.

Nos recoge Angélica en un carro con placas del Estado. (La cuarta persona del día) dice que nos puede acercar hasta Guamiranga, me voy adelante con ella y le cuento nuestra historia, maneja rápido o quizás me acostumbre al camión que va más lento.

Ella no habla mucho pero ya conoce nuestra historia, nos dice lo mismo que cada persona que nos ha recogido “el problema de Brasil es la corrupción” siempre decimos que no es diferente de Colombia. Es confrontante la mirada de muchos latinoamericanos,de desconfianza en el órgano que debería garantizar el beneficio del pueblo.

Nos deja a la entrada de la ciudad, en un puesto de gasolina. La cuidad es pequeña. Nos preparamos de nuevo, podemos sonreír otra vez, pedimos Carona hasta Guarapuava, solo esperamos 10 minutos y apareció el Ángel más grande del día y del viaje hasta ahora: Magno.

Hemos viajado horas, 700 kilómetros, resultó que va para Cascavel. Una ciudad muy cerca de Foz de Iguaçú, casi ni podemos creerlo, le decimos nuestro destino y pregúntamos si podemos acompañarle, la felicidad me recorre el cuerpo, sus ojos son transparentes. El camión es el más limpio hasta ahora, su radio suena y el dice a algún colega camionero que espera que le vaya bien, que tenga un buen final de semana. Su energía es muy buena,al contarle nuestra historia, dice que tenemos coraje y en el camino le contamos nuestra vida y el a nosotros la suya. Dice que nunca había recogido a personas (siempre bomberos, estudiantes o policías) con las que hubiera tenido una conversación fluída, que nuestro mensaje es muy constructivo. Nos explica que no tiene prejuicios con las personas, después de hablar de muchos temas. Dice que su esposa es muy celosa, que si estuviera sola, él no me habría recogido, porque la respeta mucho.

Nos cuenta su historia de vida, sobre ruedas, sobre su Dios y lo bueno que ha sido con él, cuando no ha tenido nada y le ha dado todo, sobre sus hijas, que transporta MPF (madera lisa) una de las cargas más peligrosas, historias de fantasmas por las vías hacia su ciudad natal, el amor por su camión. Es difícil narrar todo lo que se habló esas 6 horas, más creo que hicimos un amigo para toda la vida. Paramos un momento a tomar un café gratis en una estación de guardias por toda la vía (BR 277).

El atardecer es una vez más hermoso, nos da la sensación de paz, tranquilidad y satisfacción que necesitamos.

Magno dice que admira nuestra amistad, que es ya hermandad, que podemos hacer una película. Hablamos de música y pongo “mi hijo y yo del grupo noche” canción que me recuerda a mi mamá. Se la cantando traduciéndola, dice que la letra es muy linda.

Cascavel és a 140 kilómetros, nós comparte internet, los precios de las posadas son altísimos aquí. Hemos recorrido estos 700 km con $R 25 ($9.500 COP cada uno), reímos todo el camino. Magno explicó que su apodo es “Chumbinho” (diminutivo de pesado) porque es bajito y gordo como él mismo se describe.

Al despedirnos, nos agradece permitirle hacer parte de nuestra aventura, nos regala su confianza, tiempo, vida, nos lleva hasta el lugar que buscábamos sin siquiera saberlo y aún así nos agradece.

Entendí radicalmente que la amistad no la hace el tiempo, Chumbinho nos cuidó ayudó, y enseñó en 6 horas de una forma tan desinteresada que aún no entiendo, reitero, fue EL ÁNGEL.

Hoy hablé más portugués seguido que en todos estos meses.

Nos bajamos en la segunda entrada a Cascavel, pedimos un Uber con destino a la terminal de la ciudad (DE NOCHE NO SE PIDE CARONA). Pagamos 44 Reales cada uno (COP $33.500) para ir por la empresa Catarinense de Bus hasta Foz do Iguaçu, el único bus de viaje hasta aquí(Lo más caro que hemos pagado hasta el momento).

El bus saldrá a las 2:45 am y llegará al destino a las 5:30. Hay detalles que aprendimos a llevar, como entender sin internet los mapas, vías, los mejores puntos para pedir Carina y demás.

Estoy tranquila. Julián duerme, la terminal está casi sola y espero con ansias ver los arco-íris de las cataratas.

Kilómetros hasta Cascavel

Horas de viaje: 44

Caronas (ángeles) 5

Total viaje: 6



 
 
 

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María José Ramírez.
De mochila por 6 países

2018 Creado por María José :)

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