Bitácora 7 Saliendo hacia Chile
- María José Ramírez Rodríguez

- 14 jul 2018
- 3 Min. de lectura
Nos hemos despedido de José y Franco, los couchsourfing. Una calidad de personas.
Tomamos un bus hacia el mercado 4 de Asunción, allí debemos coger otro que nos lleva por 6.000 guaraníes a cada uno (3.000 COP).
Esta frontera no tiene ni un cuarto del ajetreo de la de Ciudad del Este.
Pasando migración paraguaya, nos hablan de modo cordial, nos sonriendo y desean buen viaje.
Del lado argentino todo cambia, piden que entremos a que revisen nuestras maletas, que como vamos de camino a Chile no nos van a pedir muchas cosas. Pero cuando vayamos de Chile a Buenos Aires pedirán tarjetas de crédito, pasajes de avión a Bogotá y así muchas pruebas.
Salimos de la frontera y notamos algo que nos desalienta, todos los camiones están parados y parecen haber estado esperando allí por mucho tiempo.
Salimos y nos quedan pocos guaraníes, no alcanza para coger bus pero el señor acepta llevarnos.
Estamos en la ciudad de Clarinda, Argentina dispuestos a coger la ruta 11 y llegar hasta la ciudad de Resistencia. Decidimos poner nuestras maletas y un aviso que dice “Formosa” ciudad intermedia.
Pasan muchos carros pequeños, lo cual es desalentador. Esperamos casi una hora y solo han pasado 4 camiones. Tenemos una ley “confiar en la magia”, cambiamos el cartel “voy al sur :)”
Hacemos sándwiches con queso y tomate,un jugo de naranja instantáneo sentados en el pastal. Recargamos energía. Nos disponemos a pedir Carona de nuevo.
Vemos un camión grande y rojo venir, por alguna razón sentimos que es ese, grito “ahí viene nuestro ángel” y para.
Es Rodrigo, chileno. Abre la puerta de su camión y dice que vamos a conversar.
Pregunta de donde somos, al saberlo pregunta si transportamos alguna cosa. Le decimos que no y que nuestros documentos migratorios están en orden.
Decide llevarnos, en su camión de carne, con el que también ha ido a Colombia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile. Pide que dejemos nuestras maletas en la parte trasera del camión.
Dice que más adelante hay una gendarmería (policía e investigación de la República Argentina). Allí nos hacen muchas preguntas y revisan todo en nuestras mochilas. De una forma tranquila, nada incómodo.
Hemos viajado muchas horas con Rodrigo, es una persona buena. Tiene un acento chileno fácil de entender, no le gusta halar de dinero, pero entre secretos nos comentó que gana más de 2000 dólares al mes.
Dice que tiene una novia brasilera pero no siente mayor cosa por ella . Se separó de una mujer de la que aún se siente enamorado por su trabajo, y eso fue hace más de cuatro años.
Le interesa saber si comenos o si necesitamos ir al baño. Reitera que no puede empatizar con los argentinos, dice que han dejado de lado la integridad y es un país que sólo gira en torno al dinero.
Dice que a veces llora por la soledad, que ha pasado fechas especiales solo en el camión, llorando como un niño.
Paramos en un puesto de gasolina a dormir. Nos tomamos un trago de mistral, pisco chileno de 35 grados de alcohol.
Dice que es el jarabe para descansar bien. A las 6 am despertamos, y estamos listos para seguir el camino, paramos en un lugar donde sentimos 7 grados aproximadamente. El nos hace desayuno, lavamos los platos y seguimos recorriendo Argentina...
Rodrigo nos cuenta su historia de vida, dice que lo ha golpeado y gracias a ello, el es hoy la persona que es.
Almorzamos rápido, aumentamos kilómetros, las rutas argentinas son delgadas y desoladas, los árboles parecen haber visto un espanto h haberse quedado allí petrificados.
Cuestionó que sería de los paises sin camioneros. Para tener un plato de comida, un closet, una cama.
Todo ha tenido que recorrer un ciclo. Cada insumo lleva una historia.
En algún pueblo paramos a bañarnos en una estación de gasolina.
Rodrigo dice que no se habla de la mercancía que se está transportando, puede ser peligroso.
Que llevamos herraduras para patas de pollo, apunta con astucia. Que le gusta nuestro acento, que muchas personas no lo quieren porque dice las cosas fuerte y como son. Yo, creo lo mismo y aunque no lo diga, lo demuestra. Su corazón es fuerte y bondadoso.
Como no traemos efectivo, nos paga las duchas y algunas cosas de comer.
Le molesta si nos dormimos, por complicidad debemos estar despiertos. La noche empieza a caer, la vía continua recta. Nuestro amigo pide que lo acompañemos hasta tarde, tenemos un destino, pero él tiene sueño, así que aplaudimos, cántanos y reímos para pasar la noche.
El recorrido fue por la ruta 11 hasta Santa Fe, allí tomamos la ruta 11, después la ruta 158, la ruta 8 hasta Rio Cuarto. A la altura de Villa mercedes tomamos la ruta 7 y nos disponemos a dormir a las 11 frente al peaje de San Pacho.

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