Bitácora 8 Atravesando frontera Chilena
- María José Ramírez Rodríguez

- 14 jul 2018
- 6 Min. de lectura
Julio 7 de 2018
1740 km de recorrido. Se ha arrancado a las 5:30 am.
Rodrigo dice que si Julián se duerme lo va a bajar, lo cual creo que está dispuesto a hacer. A mi me dejan dormir otro rato, el tanque se llena en una estación de servicio. Nuestro amigo nos lleva a tomar café con un sándwich, empieza a amanecer muy tarde 7:45 am, por fin luego de un panorama de muchos kilómetros iguales, visualizamos montaña y un poco más de vida.
Rodrigo se ríe cada vez que recuerda que no comemos carne.
Ante mis ojos aparece la cordillera, imponente, como dibujada en acuarela, demasiado perfecta. Comienzo a reírme con euforia, Rodrigo dice que no puede creer mi cara de felicidad, lo que yo siento es satisfacción, más de 3000 km.
En Mendoza me voy con Rodrigo y un señor que lo está esperando para ir a recoger dinero que le envío su jefe. Yo retiro algo en pesos argentinos, Julián se queda en el camión en un estacionamiento.
Seguimos nuestro rumbo, la cordillera está cada vez más cerca, una luna en cuarto menguante se dibuja fina encima de ella.
En la aduana, nuestro amigo tiene que pasar al menos días por el flujo de camiones, por lo que debemos separarnos y seguir nuestro camino. El reto ? Frío, hielo, grados bajo cero.
¿El consuelo ? Confiar en la magia. Siento mudo en las manos, debo aceptarlo, así mismo respiro felicidad.
Aquí Rodrigo no vuelve a botar basura por la ventana. Dice que la cordillera de respeta como se respeta a la mamá. Un lago azul nos sonríe a lo lejos.
Bajamos a tomarnos un par de fotos y debemos poner nuestras mochilas en la parte abierta del camión porque más adelante hay un control pesado de gendarmería Argentina. Venimos viajando ente curvas viendo un lugar y otro de la cordillera con sus diferentes colores.
Al llegar al puesto de gendarmería nos bajan del camión, hacen preguntas demasiadas, ¿desde donde venís? ¿Donde tenés el pasaporte? ¿Es la primera vez que viajás así? ¿Consumís alguna droga? ¿Que hacén tus papás? ¿Que estudiás? ¿ estas pastillas son para que ?. Revisaron mis cosas detalladamente, me hizo quitar la ropa y luego nos dejaron ir. Diciéndome de manera molesta si sabía por qué las requisas eran así con los colombianos.
Otra vez viajamos entre la cordillera, de lado a lado.
Debo admitir que me traía muy triste ver la cantidad de basura, por toda la argentina hasta la cordillera, cientos, de miles de millones de envolturas plásticas, botellas y demás parecen haber estado allí. Decía Rodrigo que aquel lago, era antes un Río caudaloso. Ahora se ve apenas correr el agua. Paramos por la misma ruta 7 a almorzar, almuerzo tipo buffet en un restaurante llamado “punto del camionero”. Con el estómago lleno todo es diferente.
Luego de 30 minutos de camino, hemos llegado a la aduana argentina de camiones, al parecer la espera por cada uno es de tres días.
Hay filas larguísimas. Es momento de despedirnos de este amigo que nos llevo de la salida de Paraguay hasta Mendoza, atravesando todo el norte de argentina.
Nos regala un billete a cada uno, dice que somos buena onda y que si nadie nos lleva, el va a estar esperándonos allí.
Le decimos que nos vemos después, en algún lado de Chile o en las vacaciones que quiere hacer en Colombia. Porque por ahora hay ángeles esperándonos para llevarnos hasta Santiago de Chile.
Caminamos aquel tramo de aduanas y encontramos una caseta con comida.
Pregúntanos donde están los camiones que ya van saliendo y nos indican. Dicen que “gracias a Dios no son Chilenos” que ni deberíamos cruzar. Eso me permite darme cuenta que la crianza nos trazó más fronteras mentales que físicas, ya no hago caso. Cada persona llega a donde sus perspectivas le permiten y eso es algo que no se escoge, se busca, la vida te lo muestra.
Hacemos aquel cartel que dice “los libertadores” pasan como tres carros y hay un camión estacionado.
Le preguntamos. Y con su acento brasilero dice que él no puede hacer Carona, que está registrado satelitalmente y si abre la puerta del copiloto lo van a llamar.
Decidimos hablarle en portugués, ya había yo dado las gracias e iba a seguir el camino.
Julián le dice que si de verdad no es posible, que se hace tarde, está haciendo frío y necesitamos llegar a Santiago a dormir. El accede, después de preguntarnos si traemos droga y escuchar claramente que no.
Tiene un macaco colgado en el vidrio que tiene un aspecto casi humano, un poco sombrío.
Su nombre es Rudinei, del interior de São Paulo, nos cuenta que tiene tres hijos y el mayor tiene nuestra edad.
El macaco es de Esther, su hija menor, quien está mudando de dientes.
Esperamos un bien tiempo mientras sus compañeros salen de la aduana. Dice que lleva 3 días aquí y que no quiere esperar más. Como todos, es una muy buena persona.
Vienen en caravana desde Brasil con otros compañeros de la empresa cascavel, se hablan por radio, riendo y haciendo diferentes voces. Nunca se aburren.
Cerré los ojos un momento, cuando los abro y veo todo lleno de nieve me despierto.
Es increíble ver todo blanco, aclarando nuestro camino. El sol se pone entre la cordillera, parece haber fuego en el cielo, hay muchas figuras, texturas. Personas alquilando trineos y botas para la nieve, sonríen en familia.
Pasando un túnel nos recibe un letrero que dice “Bienvenidos a la Republica de Chile” 🇨🇱
Estamos preocupados porque hace frío, hacen falta unos 200 km hasta Santiago de Chile y además debemos atravesar para hacer control en la frontera con Chile.
Rudinei dice que nos va a esperar mientras hacemos migración y nos lleva hasta los andes. Donde podemos tomar un bus para Santiago, eso nos llena de vida, porque la preocupación nublaba la puesta de sol.
Ya perdí la cuenta, pero sé que vengo con un ejército de ángeles. Unos sobre mi, unos ya se quedaron atrás en las fronteras y otros iluminan cada persona que nos encontramos.
Llegando al control hay una fila descomunal de camiones. Bajamos y por primera vez en mi vida toco la nieve, sonrío, la lanzo. Dejo que el frío me haga sentir viva mientras se ven los últimos destellos de sol. De vez en cuando la fila se mueve, vemos un lobito.
Bajamos para hacer el control migratorio en Chile. Entrando por el paso peatonal. Nos recibe una joven y pregunta de donde somos, que venimos a hacer.
Que por que venimos mochileando, que como manejamos dinero, que hago en Colombia. Haciendo preguntas con despreció y pidiendo que revisen bien nuestros papeles, dudando de nuestros certificados estudiantiles y tarjetas bancarias. Nos deja ir, pese a su trato le deseamos buena noche y nos despedimos. Ni siquiera responde.
Nos espera Rudinei de nuevo, vamos a llegar a Los Andes para tomar el último bus que sale a las 21:30h para Santiago de Chile.
Nuestro amigo brasilero llega a la aduana de camiones cerca de la hora, ya está tarde. Agradecemos y seguimos nuestro camino, esta vez con miedo y un panorama desolador que no nos había saludado en lo que llevamos de camino.
La terminal de transporte está lejos caminando, no sabemos hacia donde y hay nieve.
Sentimos ahora si estar a la deriva. Preguntamos a una celadora que hay en el lugar como llegar a la terminal.
Ella siendo muy amable nos dice que es peligroso ir hacia allá porque hace frío y los habitantes de calle suelen ir a pasar la noche allí. Dice que nos podemos quedar en las sillas de la aduana “sin armar cama”.
Accedemos. En una parte como un centro comercial pequeño descargamos nuestras cosas. Hace frío helado. La sensación de no haber llegado a Santiago es frustrante...
Han pasado las horas y el cansancio comienza a dominarnos, hace un tiempo que manos y pies se durmieron por los escasos grados centígrados y
Ansío más que nunca mi cama, mi familia y casa.
No importa tener doble pantalón, doble media, doble chaqueta. El clima arrasa.
Tampoco hay donde comprar comida.
Pasa una hora, dos horas, el frío despierta. Me desespera, salto, camino por el lugar, me recuesto. Siento que Julián corre, salta, aplaude. Todas las veces en mi vida que aseguré haber tenido frío fueron una farsa. Esta noche tenía helado hasta el corazón, mi inconsciente me repetía el poema de Benedetti que acompaña mi aventura “no te rindas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda”
Fue la noche más difícil hasta ahora.
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