Bitácora 3 - Tres países en un día
- María José Ramírez Rodríguez

- 1 jul 2018
- 8 Min. de lectura
Resolvimos pasar la noche en el terminar (Rodoviária de Casacavel). El bus hasta foz sale a las 2:45 am, he dormido una hora, la tos me asusta y estoy sin voz. Llegamos a las 5:00am a Foz do Iguaçu, dormí todo el camino, la terminal está cerrada así que debemos dormir afuera mientras amanece y Diego (Paraguayo de ciudad del este que nos recibe por Couchsurfing ) Aún es madrugada y él no responde.
Estamos a 10 metros de los habitantes de calle, al igual que ellos, tenemos frío y queremos un lugar cómodo para dormir; en Brasil la indigencia es muy alarmante.
Creo que dormí otra media hora en las sillas afuera de la rodoviária, despierto y veo un bus que dice “ciudad del este” pregunto con mi intermitente voz y el precio son $5,50 Reales ó $10.000 guaraníes (4.150 COP).
Aún Diego no contesta, me siento a ver los emotivos encuentros y despedidas del lugar.
Diego recibe nuestros mensajes, indica cómo llegar y tomando aquel bus destartalado cruzamos la frontera a las 7:30 am: El día ha empezado. Nunca había pasado por esta experiencia de cruzar fronteras, el flujo de personas y carros es impresionante, hay mucha prisa, papeles, rasgos fenotípicos y acentos que no se me hacen familiares.
No sabemos qué papeles migratorios hay que hacer en una triple frontera, decidimos seguir nuestro rumbo.
Atravesando un puente muy largo que une Foz de Iguazú con Ciudad del este, sentía que entraba a la mismísimas china, habían pantallas enormes, centros comerciales gigantes, tecnología, ropa gente corriendo y ofreciendo cosas aquí y allá.
El mapa dice que llegaremos en un rato, ya estamos en suelo paraguayo. Una vez nos bajamos del bus, caminamos, todo en esta parte todo está solo porque aún es temprano. Pese a la noche mi energía está intacta.
Todos beben tereré (té con hierba parecido al Mate argentino), TODOS hacia el lugar a donde se mire, atravesamos las calles, mercados de ropas y demás. Las personas son muy populares, es como un barrio-plaza de mercado.
Solo quiero lanzar mi maleta a algún lado, después de unos 15 minutos llegamos a un supermercado grande y pregúntanos por Diego.
Es muy extraño que vuelvan a hablarnos en español todas las personas, el papá de nuestro couchsourfing nos recibe, se nos mezclan las palabras en portugués mientras le hablamos, luego de un tiempo Diego nos encuentra, nos ocurre lo mismo, y nos ocurrirá todo el día, nuestras cabezas tienen conflictos idiómáticos.
Diego nos lleva a su casa, es gigante y explica que hay más personas haciendo couchsourfing. Compartimos un cuarto grande, limpio y cómodo; Una sensación demasiado confortadora... Conocemos a nuestros compañeros de aventura aquí en Ciudad del Este, quienes apenas están despertando: Melina, de nacionalidad argentina y Daniel, Brasilero. Les contamos nuestra historia que no es nada con respecto a la suya, han recorrido países de punta a punta a dedo y haciendo música, uno de ellos es Colombia, la aman, aman a los colombianos, la comida, y su gente, cuentan como en las más de 20 ciudades que recorrieron mochileando de punta a punta, se les brindó hospitalidad.
En la casa nos ofrecen comida, llevamos horas con el estómago vacío y ahora comemos, como si no hubiese un mañana.
Nos conocemos un poco y aunque es tarde decidimos ir juntos a Argentina a las cataratas. Los trayectos? en bus barato y a dedo.
En Paraguay el 80% de la población habla guaraní entre ellos, me parece una forma increíble de mantener sus raíces, un ejemplo; además de esto, aquí, en ciudad de este la población habla español y portugués: tres idiomas.
Daniel, que siempre sonríe nos cuenta que el paraguayo es increíble, hospitalario y bueno. Que si nos ofrecen algo decimos y decimos“gracias” es como si dijéramos que no.
Tomamos un bus para llegar hasta el puente de la amistad, caminamos unos 15 minutos y otra vez estamos en la frontera, tenemos que ir al lado brasilero para que nos sellen salida y abrir la entrada a Argentina.
Los chicos tienen que hacer otros papeles así que acordamos encontrarnos al final del puente por el lado de Brasil.
Recorremos el puente, sellamos, ha pasado un buen tiempo, no los encontramos y no tenemos sus contactos, nos hemos perdido, pido internet a una señora agudizando mi oído para saber en qué idioma hablarle, un segundo y hablo en portugués mientras le sonrío, Con carisma me comparte su internet y aun así no consigo un modo de contactarlos.
Nos quedan 6 reales y parece una utopía encontrar un cajero.
Por fin nos encontramos, dicen que fueron a Paraguay y volvieron atravesando los 15 minutos más o menos en el puente entre país y país. Melina está cansada y Daniel dice que debíamos encontrarnos de nuevo, como una cuestión del destino.
Julián y Melina se quedan esperando el bus, Daniel y yo salimos a pedir Carona.
El bus llega primero y nos lleva hasta puerto Iguazú por $100 pesos argentinos ($10.035 COP) a los 4, Melina nos presta el dinero con confianza.
El bus nos deja en un punto donde tenemos que hacer dedo, pero somos muchos.
Mi estrategia fue hacer dedo con Melina pues es más fácil y cuando paren, decirles que somos 4.
Luego de 10 minutos aparece Marcelo, dice que solo podemos ir tres. Melina y yo no podemos irnos juntas porque es mas difícil que recojan a los 2 hombres. Pensar en probabilidad bajo presión hace que me vaya con Daniel, quedamos de vernos en toda la entrada del parque de las cataratas de Iguazú; ya estamos en suelo argentino y mi pasaporte lo dice.
Marcelo vá con otro señor, tristes porque argentina salió del mundial. Hablamos de la copa, del papel de Colombia y de Brasil, nos cuentan que nos dejarán en toda la entrada porque por el camino hay pumas y luego de 15 minutos estamos allí.
Miro la bandera y no puedo creerlo, antier salía de São Paulo y hoy estoy aquí, siento que han pasado años y un centenar de personas todas BUENAS, ángeles, como suelo llamarles.
Melina y Julián se quedaron haciendo dedo, ha pasado media hora y no llegan, las cataratas cierran a las 6:00 pm, son las 3:00. Empezamos a preocuparnos “vamos chicos” decimos Daniel y yo con impaciencia viendo el camino ... Melina que tiene chip argentino consigue comunicarse, dice que aún no los levantan y si tienen que pagar bus, no puede pagar la entrada, yo sé que Julián ni siquiera tiene para el bus, hace rato que nos quedamos sin efectivo.
(Comunicarse siendo mochilero es, la mayoría del tiempo un premio, todo lo que ha parecido normal en mi vida, la comida, la tecnología, la seguridad, el dinero, el confort, ahora son cuestiones efímeras)
Daniel dice que ahora debemos hacer nuestra parte y se levanta con energía a preguntar por la administración del parque.
Cataratas tiene diferentes tarifas hay que ir a hablar con el encargado y conmoverlo o crear carisma para que nos haga un descuento.
A precio normal del parque el precio por persona es así: los argentinos pagan $380 ARS, los brasileros por ser participantes directos Mercosur, $480 ARS y los otros extranjeros $600 ARS ($60.012 COP).
Le contamos al señor nuestra historia, y dice que no puede ayudarnos con mucho.
Julián y yo tenemos cédula Brasilera de extranjeros y dice que puede hacer como máximo, que paguemos como Brasileros, cada uno pago 300 ARS (30.000 COP)
Los chicos llegan, son las 4. Todos mostramos nuestros papeles, pagamos y Antes de entrar, el señor nos llama (Como son muchos circuitos de cataratas y a veces las persona no alcanzan a conocerlas, el plan del parque es permitir la entrada al día siguiente pagando el 50% del precio de la entrada), se acerca a nosotros y dice que puede hacer que volvamos gratis al día siguiente.
Es reparador para Melina, que tiene mucha hambre y tristeza por conocer su sueño solo en dos horas.
Alcanzamos a tomar el último tren, nos miramos anonadados, parece que ninguno puede creerlo. No por las dificultades del día, por lo que cada uno vivió para llegar allí.
Hay coatís, me acompaña mi linda (mi cámara Nikon, que aunque viejita, es increíble con una lente 70-300), es momento de sacarla, ver a través de la lente.
Hemos caminado sobre el río Paraná, que luego desemboca el el Río de la Plata Ar. Escuchamos las cataratas. Melina ve un chico argentino (es normal que anden con su vaso y un termo listos para servir su bebida típica a cada momento, en su mayoría) le dice “hola, tenés un matecito” el se lo sirve. Dice que la vida le cambió todos sonreímos, aquí vamos
Nos tomamos fotos, los cuarto, ellos, nosotros, cada uno.
“Lo logramos chicos” nos decimos todos, no parábamos de sonreír.
El universo es perfecto, increíble, majestuoso, verosímil, preciso. Escuchaba de diferentes voces decir “¿cómo es posible que esto exista”.
A las 5:30 nos empiezan a sacar del parque, el último tren está por salir.
Hay colombianos cerca, Diego y Melina dicen que hemos perdido mucho el acento (no crean Bogotanos que no tenemos acento, eso es una completa FALACIA); al escuchar los paisanos me doy cuenta que es cierto, hablamos español abrasileirado, y casi sin modismo colombiano; conversamos sobre Colombia, ellos la aman dicen que la comida colombiana es tan rica porque siempre es hecha con amor “es como estar comiendo amor” dice Melina, le digo que postearé esa frase en mi blog y he cumplido.
Se sientan a nuestro lado dos paraguayos de Asunción (asincenos), tienen un acento muy particular, su “r” siempre suena como cuando se habla en inglés; como esa canción que dice “pinche gruingo puñeteruo”.
Salimos del parque ¿la misión? VOLVER.
Las entradas al parque las pagamos con tarjeta, pero no tenemos efectivo. Somos 4 y anochece.
Comenzamos a hacer dedo de a parejas, hacemos el gesto que nos lleven al menos a dos, un chico para y nos lleva en la parte de atrás e su camioneta donde hay dos familiares más, contamos nuestra historia bien resumida, hablamos de comida lo cual no es bueno para llevar tanto sin comer.
Nos dejan en un punto, es más tarde, hacemos dedo pero vemos que es muy difícil, llegamos hasta migración Argentina a hacer el respectivo cierre de entrada.
No sabemos qué hacer, estamos en medio de la nada. Melina y Daniel tienen dinero para volver pero como nosotros no tenemos efectivo, percibo que hemos creado una hermandad: ninguno tiene como volver.
Miramos los mapas y para regresar a casa a Ciudad del Este debemos caminar 4 horas. “Yo puedo, yo también, de una, yo puedo” cuatro voces valientes, es una locura pero estamos dispuestos.
Melina logra comunicarse con Diego, nuestro couch, le enviamos una foto conmovedora que postearé abajo.
Dice que ya salió de trabajar,que intentemos pasar un poco hacías Brasil para que pueda recogernos, es el ángel de la noche, ya hemos caminado casi una hora, tenemos mucha hambre y así podamos pagar con la tarjeta algo de comida, no hay nada cerca.
Una señora se nos acerca y pregunta si ya hicimos el trámite, todos asentimos pero no nos cree. De una forma déspota con acento argentino dice que nos quedemos ahí que va a preguntar, que entremos. Le digo con molestia “pregunta bien, dos colombianos, una argentina y un brasilero” Melina dice con decepción que así son muchos porteños (Buenos Aires), poco gentiles y agradables.
Esperamos cantando, todo el panorama cambió, de nuevo conseguimos un Ángel, Diego nos ha salvado, nos disculpamos pero el es viajero (conoce también mi país de punta a punta) y dice que son cosas que suceden, nos vamos escuchando música, cumbia argentina, música en portugués. A veces resultamos teniendo conversaciones en este idioma sin darnos cuenta, hay una luna amarilla y nostálgica que nos acompaña, le digo a Diego que parece pintura.
Al llegar a casa en Ciudad del Este pregunto si hay cerca un supermercado donde reciban tarjeta para comprar algo de comida, pero la mamá de Diego dice que en la cocina hay mucha. Nos lleva a la nevera y saca carne a la milanesa; Melina también es vegetariana, con vergüenza le decimos que no comemos carne.
Dice con amor que no hay problema, saca un arroz que preparan con espinaca, cebolla morada y tomate, muy rico, nos ofrece yuca, tomates y su otro hijo José nos cocina una tortilla de huevo con queso paraguay y especias, luego otra con aceitunas y tomate, preparan jugo de naranja, todo tiene un sabor increíble, agradezco la comida, lavamos los platos, tenemos una conversación en la que compartimos cada uno sus costumbres culturales, hablamos de profesiones. Mi tos no para y la madre de Diego me ofrece un remedio cacero de aceite caliente en el que se frita ruda.
Me dispongo a descansar me siento afortunada de estar llena, segura y en un lugar cómodo.

Comentarios